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miércoles, 15 de febrero de 2017

XIV ENCUENTRO DE FORMACIÓN PARA EMPLEADOS Y VOLUNTARIOS DE OMP

Los próximos días 2 y 3 de marzo tendrá lugar el XIV Encuentro de Formación para Empleados y Voluntarios organizado por OMP


El objetivo del Encuentro es profundizar en el carisma fundacional y en la actualidad de la Obra Pontificia de San Pedro Apostol Vocaciones Nativas,encargada de acompañar y sostener las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada en los territorios de misión.
Además de los miembros del Secretariado Nacional de San Pedro Apostol y delegados de Misiones de Alcalá, Arturo García; Bilbao, Felicitas Martín; y Zaragoza, Antonio González-Mohino- que estarán presentes en distintos momentos- también asistirán el presidente de la Conferencia Episcopal de Misiones y arzobispo de Toledo, monseñor Braulio Rodríguez y el director de OMP, P. Anastasio Gil.
La conferencia inaugural del día 2 será a cargo del secretario general de San Pedro Apostol, P. Fernando Domingues
El viernes habrá testimonios de vocaciones nativas formadas gracias a la ayuda de San Pedro Apostol. Serán las siguientes:
Ivanildo de Sousa Quaresma, religioso de Brasil
Marta Zhang, religiosa de China
Agapit Gbegnon, sacerdote de Benin
Concluidos los testimonios habrá un intercambio de experiencias diocesanas y algunas delegaciones expondrán su trabajo en la animación misionera a lo largo de todo el año.
El Encuentro finalizará con la presentación de la Jornada de Vocaciones Nativas. En la mesa redonda intervendrán las tres instituciones organizadoras: OMP, Conferencia Episcopal Española y CONFER

miércoles, 8 de febrero de 2017

XXV JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

El próximo sábado, 11 de febrero, se celebrará la XXV Jornada Mundial del Enfermo con el tema "El asombro ante las obras que Dios realiza: El Poderoso ha hecho obras grandes por mi (Lc 1, 49)"


La Jornada Mundial del Enfermo fue instituida por San Juan Pablo II en 1992 y celebrada por primera vez en 1993 en Lourdes

Texto completo del Mensaje

Queridos hermanos y hermanas:
El próximo 11 de febrero se celebrará en toda la Iglesia y, especialmente, en Lourdes, la XXV Jornada Mundial del Enfermo, con el tema: El asombro ante las obras que Dios realiza: «El Poderoso ha hecho obras grandes por mí…» (Lc 1,49).
Esta Jornada, instituida por mi predecesor san Juan Pablo II, en 1992, y celebrada por primera vez precisamente en Lourdes el 11 de febrero de 1993, constituye una ocasión para prestar especial atención a la situación de los enfermos y de todos los que sufren en general; y, al mismo tiempo, es una llamada dirigida a los que se entregan en su favor, comenzando por sus familiares, los agentes sanitarios y voluntarios, para que den gracias por la vocación que el Señor les ha dado de acompañar a los hermanos enfermos.
Además, esta celebración renueva en la Iglesia la fuerza espiritual para realizar de la mejor manera posible esa parte esencial de su misión que incluye el servicio a los últimos, a los enfermos, a los que sufren, a los excluidos y marginados (cf. Juan Pablo II, Motu proprio Dolentium hominum, 11 febrero 1985, 1).
Los encuentros de oración, las liturgias eucarísticas y la unción de los enfermos, la convivencia con los enfermos y las reflexiones sobre temas de bioética y teológico-pastorales que se celebrarán en aquellos días en Lourdes, darán una aportación nueva e importante a ese servicio.
Situándome ya desde ahora espiritualmente junto a la Gruta de Massabielle, ante la imagen de la Virgen Inmaculada, en la que el Poderoso ha hecho obras grandes para la redención de la humanidad, deseo expresar mi cercanía a todos vosotros, hermanos y hermanas, que vivís la experiencia del sufrimiento, y a vuestras familias; así como mi agradecimiento a todos los que, según sus distintas ocupaciones y en todos los centros de salud repartidos por todo el mundo, trabajan con competencia, responsabilidad y dedicación para vuestro alivio, vuestra salud y vuestro bienestar diario.
Me gustaría animar a todos los enfermos, a las personas que sufren, a los médicos, enfermeras, familiares y a los voluntarios a que vean en María, Salud de los enfermos, a aquella que es para todos los seres humanos garante de la ternura del amor de Dios y modelo de abandono a su voluntad; y a que siempre encuentren en la fe, alimentada por la Palabra y los Sacramentos, la fuerza para amar a Dios y a los hermanos en la experiencia también de la enfermedad.
Como Santa Bernadette estamos bajo la mirada de María. La humilde muchacha de Lourdes cuenta que la Virgen, a la que llamaba «la hermosa Señora», la miraba como se mira a una persona. Estas sencillas palabras describen la plenitud de una relación. Bernadette, pobre, analfabeta y enferma, se siente mirada por María como persona. La hermosa Señora le habla con gran respeto, sin lástima. Esto nos recuerda que cada paciente es y será siempre un ser humano, y debe ser tratado en consecuencia.
Los enfermos, como las personas que tienen una discapacidad incluso muy grave, tienen una dignidad inalienable y una misión en la vida y nunca se convierten en simples objetos, aunque a veces puedan parecer meramente pasivos, pero en realidad nunca es así.
Bernadette, después de haber estado en la Gruta y gracias a la oración, transforma su fragilidad en apoyo para los demás, gracias al amor se hace capaz de enriquecer a su prójimo y, sobre todo, de ofrecer su vida por la salvación de la humanidad.
El hecho de que la hermosa Señora le pida que rece por los pecadores, nos recuerda que los enfermos, los que sufren, no solo llevan consigo el deseo de curarse, sino también el de vivir la propia vida de modo cristiano, llegando a darla como verdaderos discípulos misioneros de Cristo.
A Bernadette, María le dio la vocación de servir a los enfermos y la llamó para que se hiciera Hermana de la Caridad, una misión que ella cumplió de una manera tan alta que se convirtió en un modelo para todos los agentes sanitarios.
Pidamos pues a la Inmaculada Concepción la gracia de saber siempre ver al enfermo como a una persona que, ciertamente, necesita ayuda, a veces incluso para las cosas más básicas, pero que también lleva consigo un don que compartir con los demás.
La mirada de María, Consoladora de los afligidos, ilumina el rostro de la Iglesia en su compromiso diario en favor de los necesitados y los que sufren. Los frutos maravillosos de esta solicitud de la Iglesia hacia el mundo del sufrimiento y la enfermedad son motivo de agradecimiento al Señor Jesús, que se hizo solidario con nosotros, en obediencia a la voluntad del Padre y hasta la muerte en la cruz, para que la humanidad fuera redimida.
La solidaridad de Cristo, Hijo de Dios nacido de María, es la expresión de la omnipotencia misericordiosa de Dios que se manifiesta en nuestras vidas –especialmente cuando es frágil, herida, humillada, marginada, sufriente–, infundiendo en ella la fuerza de la esperanza que nos ayuda a levantarnos y nos sostiene.
Tanta riqueza de humanidad y de fe no debe perderse, sino que nos ha de ayudar a hacer frente a nuestras debilidades humanas y, al mismo tiempo, a los retos actuales en el ámbito sanitario y tecnológico.
En la Jornada Mundial del Enfermo podemos encontrar una nueva motivación para  colaborar en la difusión de una cultura respetuosa de la vida, la salud y el medio ambiente; un nuevo impulso para luchar en favor del respeto de la integridad y dignidad de las personas, incluso a través de un enfoque correcto de las cuestiones de bioética, la protección de los más débiles y el cuidado del medio ambiente.
Con motivo de la XXV Jornada Mundial del Enfermo, renuevo, con mi oración y mi aliento, mi cercanía a los médicos, a los enfermeros, a los voluntarios y a todos los consagrados y consagradas que se dedican a servir a los enfermos y necesitados; a las instituciones eclesiales y civiles que trabajan en este ámbito; y a las familias que cuidan con amor a sus familiares enfermos.
Deseo que todos sean siempre signos gozosos de la presencia y el amor de Dios, imitando el testimonio resplandeciente de tantos amigos y amigas de Dios, entre los que menciono a San Juan de Dios y a San Camilo de Lelis, patronos de los hospitales y de los agentes sanitarios, y a la Santa Madre Teresa de Calcuta, misionera de la ternura de Dios.
Hermanos y hermanas, enfermos, agentes sanitarios y voluntarios, elevemos juntos nuestra oración a María, para que su materna intercesión sostenga y acompañe nuestra fe y nos obtenga de Cristo su Hijo la esperanza en el camino de la curación y de la salud, el sentido de la fraternidad y de la responsabilidad, el compromiso con el desarrollo humano integral y la alegría de la gratitud cada vez que nos sorprenda con su fidelidad y su misericordia.
María, Madre nuestra,
que en Cristo nos acoges como hijos,
fortalece en nuestros corazones la espera confiada,
auxílianos en nuestras enfermedades y sufrimientos,
guíanos hasta Cristo, hijo tuyo y hermano nuestro,
y ayúdanos a encomendarnos al Padre que realiza obras grandes.

Os aseguro mi constante recuerdo en la oración y os imparto de corazón la Bendición Apostólica.
8 de diciembre de 2016, Fiesta de la Inmaculada Concepción
FRANCISCUS

sábado, 14 de enero de 2017

JORNADA MUNDIAL DEL MIGRANTE Y DEL REFUGIADO 2016

"Menores migrantes vulnerables y sin voz. Reto y esperanza" es el lema de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de este año 


Con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado el Papa Francisco llama la atención sobre la realidad de los emigrantes menores de edad, especialmente los que se encuentran solos y desprotegidos.
En su mensaje, el Santo Padre, invita a los responsables de los gobiernos y a la sociedad en general a atender a estos niños, a protegerlos y defenderlos. La Iglesia ofrece ayuda y atención a estos menores pero resulta insuficiente.
"Los gritos de dolor de estos pequeños, habitualmente se oyen muy poco en los medios de comunicación o en los Parlamentos. Alguien ha de gritar con ellos y en su nombre. Alguien ha de prestar su voz para que su situación llegue a oídos de quienes tienen la posibilidad de solucionar sus problemas. La Iglesia quiere estar al lado de estos menores migrantes y hacer todo lo posible para sensibilizar a la sociedad sobre esta dramática situación que están viviendo millones de niños que no tienen futuro porque la injusta sociedad humana se lo niega." (Del mensaje de los obispos de la CEM)
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martes, 10 de enero de 2017

INFANCIA MISIONERA: OPCIÓN POR LO PEQUEÑO

D. Anastasio Gil, Director de OMP España, nos presenta la Jornada de Infancia Misionera 2017



La celebración de la Jornada de Infancia Misionera el cuarto domingo de enero es una invitación a las comunidades eclesiales, donde los niños se están iniciando en el conocimiento de Jesús, la celebración sacramental, el aprendizaje de la vida evangélica, y el compromiso apostólico y misionero. La Jornada de Infancia Misionera 2017, con su lema "Sígueme" incide especialmente en la tercera dimensión, la práctica de la vida cristiana, siguiendo el rastro de Jesús.

El 22 de enero con la Jornada de Infancia Misionera, la Iglesia en España invita a los fieles a remansar la mirada en los más pequeños y celebrar con ellos una jornada misionera. Apenas cerrado el tiempo de Navidad, en el que hemos contemplado a Dios hecho niño, se enciende una nueva luz que ilumina la expresión de estos pequeños: ahora es en sus caras donde seguimos contemplando el rostro de Dios.

Los niños, los más vulnerables
Esa contemplación de los niños y de su fragilidad suscita en los mayores una especial cercanía y complicidad. Cualquier noticia que denuncia su sufrimiento y exclusión es causa de dolor y de compromiso por subsanar estas situaciones. Niños abandonados, sometidos a trabajos físicos más allá de sus capacidades y de sus derechos, víctimas de comercio o de la droga...; realidades que parecen no tener remedio, porque la frecuencia y diversidad de estos atropellos se multiplica, a pesar de las denuncias y alarmas sociales. 
Tal es la repercusión que esta indefensión tiene en la sociedad que en 1924 se hizo pública la Declaración de los Derechos del Niño de Ginebra, y hace exactamente 70 años nació UNICEF. También en España se ha aprobado una Ley de la Infancia. Pero se vuelve a constatar la fractura entre la legislación y el egoísmo de algunos sectores de la sociedad. Basta asomarse a los medios de comunicación para comprobar que, pese a estas cautelas legislativas y tantas declaraciones de condena, la infancia sigue siendo víctima de la violencia doméstica, el tráfico de órganos, el trabajo inapropiado, el abuso sexual o la eliminación de los concebidos no nacidos.
De nuevo es necesario asomarse al Evangelio y descubrir que, para Jesús, los niños son más que seres dignos de respeto y protección, objeto de atención personal, educativa y social. Hay un plus que brota de la novedad del Evangelio: los niños pasan a ser protagonistas de su propio destino. En la mentalidad judía, pertenecían a la categoría de los “sin dignidad”. Pero Jesús realiza un cambio jerárquico, colocando en el centro del anuncio a las categorías marginadas. Así, el niño aparece en el punto de partida y de llegada del Reino.

Dar y recibir, siguiendo a Jesús
Muy a menudo, este Reino que Jesús describe en las parábolas se compara a algo muy pequeño que llegará a ser muy grande: la semilla de mostaza, el grano de trigo, la pizca de levadura... Jesús mismo quiso vivir la experiencia de la infancia, pasando treinta años en la sencillez y el ocultamiento. Su ejemplo ha sido secundado por la Iglesia. Clara manifestación de esta opción es la Obra que nació en 1843, cuando el obispo de Nancy (Francia), Mons. Forbin-Janson, descubrió en los niños de su diócesis el medio más eficaz para cooperar en la evangelización de los más pequeños. Ahora son más de 130 los países donde los niños, por una parte, reciben de Infancia Misionera las ayudas necesarias para evitar tantas situaciones dramáticas; pero, además, ellos mismos asumen el compromiso de ayudar a otros niños, convirtiéndose, efectivamente, en protagonistas de una bonita historia de solidaridad.
Los frutos no se hacen esperar, porque en el carisma fundacional se contempla el don de la reciprocidad. No hay unos, ricos, que dan y otros, pobres, que reciben. Todos, los de aquí y los de allá, dan de lo que tienen. Y, en muchos casos, más de lo que tienen, porque implican a los mayores en este ejercicio de donación. También reciben, y mucho. Porque el niño de Infancia Misionera recibe ante todo la oportunidad de salir de sí mismo e iniciar el recorrido de la fe, con sus educadores, catequistas y padres.

El itinerario se inicia el primer domingo de Adviento. Ellos tienen la oportunidad de descubrir cómo resuena la voz de Jesús, que cada domingo les dice al oído: “Sígueme”. Esta primera etapa culmina saliendo a las calles como “sembradores de estrellas”. A la vez, van preparando la “hucha del compartir”. Pasada la Navidad, se inicia la recta final, hasta la gran celebración del 22 de enero, cuando los pequeños presentan en la eucaristía las huchas repletas para los niños que más lo necesitan y, a cambio, reciben la mirada de complicidad de Jesús, que les anima a seguir subiendo por la escala del “Sígueme”, como muestra el cartel de la Jornada.