• "Se valiente, la misión te espera"


    Descarga todos los materiales para celebrar el Domund 2017
  • Presentación Domund 2017


    "El valor de ser misioneros" Anastasio Gil, Director de OMP España
  • Mensaje del Papa para el Domund 2017


    "La Misión en el corazón de la fe cristiana"
  • Reflexión Pastoral Domund 2017


    "Cuestión de valentía", Javier Carlos Gómez Director Diocesano de OMP Valladolid
  • ¿Qué es el Domund?


    La jornada en que, de un modo especial, la Iglesia reza por los misioneros y colabora con ellos
  • ¿A quién ayuda el Domund?


    Los donativos hacen posible la labor evangelizadora de la Iglesia en los territorios de misión
  • ¿Qué son los territorios de misión


    Conoce a fondo las misiones con el mapa en que se muestra dónde están los misioneros y la ayuda enviada por OMP España

sábado, 30 de septiembre de 2017

LA ESTRELLA DEL PONTIFICADO DE PIO XI

1 de octubre: Santa Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz, la Doctora más joven de la Iglesia, patrona de las misiones.



Al hablar de la carmelita de Lisieux detengámonos brevemente en algunos datos de esta joven santa.
Es la más pequeña de nueve hermanos, cuatro de los cuales murieron cuando eran pequeños. Sobrevivieron hasta la edad adulta cinco niñas, todas consagradas a Dios en la vida religiosa -cuatro carmelitas y una visitandina-. Sus padres, Luis y Celia, es el primer matrimonio canonizado conjuntamente como modelo de que la vocación matrimonial es camino de santidad.
Al poco tiempo de morir Teresa, cuando contaba tan solo 24 años, se difundieron como un reguero de pólvora tres cuadernos autobiográficos que había escrito en diversas ocasiones a petición de sus superioras. Y al Carmelo de Lisieux comenzaron a llegar miles de cartas de todo el mundo. En el cementerio de Lisieux, donde fue sepultada, tuvieron que poner policías para que los numerosos peregrinos que llegaban hasta su tumba, y que querían llevarse algún recuerdo de esta joven carmelita, no destrozaran el lugar. Pío XI la canonizó en Roma tan solo 30 años después de su muerte ante medio millón de peregrinos (¡en 1927!), 250 obispos y 33 cardenales. Fue proclamada también patrona de las misiones por este papa, quien hablaba de ella como “la estrella de mi pontificado” (e incluso llegó a afirmar que el Señor irradiaba tanta luz al mundo y a la Iglesia con la vida y el mensaje de Teresa, que ella es como “palabra de Dios para nuestro tiempo”). San Pío X había dicho que era “la santa más grande de los tiempos modernos”.
¿Cuál es el secreto de esta mujer, que ingresó en el Carmelo de su pequeña ciudad a los 15 años y murió en él nueve años más tarde de tuberculosis, para que haya influido y siga influyendo en millones de personas a semejanza de otros santos de fama universal e imperecedera como san Francisco de Asís? ¿Cuál es la clave de la vida y del mensaje de esta joven carmelita a quien san Juan Pablo II proclamó Doctora de la Iglesia universal, habiendo muerto tan solo 24 años y sin haber pisado en su vida una universidad, y de la que el gran teólogo Von Balthasar afirmó que después de ella urgía una revisión de la teología dogmática?
Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que el Señor suscitó a Teresa para llevarnos al corazón del evangelio, a la esencia misma de la Buena Nueva: cada uno de nosotros es como un niño a quien su madre consuela y acaricia sobre sus rodillas (cf. Is 66,12-13), y esa madre es Dios mismo, de quien nuestra santa afirma que es “más tierno que una madre”.
Teresa descubre que lo que más agrada a Jesús es amarnos y que nos dejemos amar por él sin oponer ninguna resistencia, es decir, como los niños. La clave del “huracán de gloria” que Teresa ha levantado y sigue levantando en todo el mundo (¡mejor: el que el Señor ha levantado y sigue levantando con Teresa!) no es otra que aquello que Jesús nos dice con tanta sencillez en el evangelio, que a veces podemos no tomarlo muy en serio: “Si no os hacéis como niños”. Un niño cuya característica principal es el abandono confiado en brazos de su padre y de su madre, el dejarse amar y cuidar por ellos, sin los cuales el pequeño ni siquiera podría subsistir.
Esta es la clave. No consiste el cristianismo en una serie de prácticas o en acumular méritos haciendo cosos ni no en descubrir lo esencial de la existencia de cada uno de nosotros: Dios nos creó como ¡amigos! Para que nos dejemos amar por él incondicionalmente y lo amemos y seamos una bendición para él y para todos, sin exceptuar as nadie. El Señor, por medio de Teresa, nos ayuda a caer en la cuenta una y otra vez que lo que nos pide es que vivamos como hijos amados, no como esclavos que no paran de hacer cosas. ¿Acaso una madre no desea sobre todo que cada uno de sus hijos e hijas se dejen querer y cuidar por ella, prescindiendo de que sean más o menos exitosos en sus estudios, en sus trabajos, e incluso que estén sanos o sufran una grave enfermedad crónica. Pues este deseo de las madres es el deseo de Dios, el corazón del evangelio, que  algunos han denominado como “infancia espiritual”.
¿Y qué tiene qué ver esto con las misiones, con que Teresa sea patrona de las misiones? Si al proclamar el Evangelio debemos anunciar, ante todo, lo esencial del mismo -para continuar con tantas cosas más-, Teresa nos recuerda lo esencial: la alegría de Dios es, ante todo, que nos dejemos amar por él sin oponer ninguna resistencia a su ternura y a sus cuidados. Qué bendición que cada misionero, que cada cristiano, seamos testigos de esto. En una ocasión una persona le dijo a un sacerdote: “eres como un niño”. “El piropo más hermoso que me han dicho”, pensó él.

Arturo J Otero García
Delegado de Misiones
Diócesis de Alcalá


jueves, 28 de septiembre de 2017

DOMUND 2017: “Sé valiente, la misión te espera”

El próximo 22 de octubre la Iglesia celebra la Jornada Mundial de las Misiones, es el Domund, una jornada misionera en la que de un modo especial, la Iglesia universal reza por la misión y los misioneros y colabora con ellos.


El lema del Domund de este año: “Sé valiente, la misión te espera” invita a ser valientes y comprometerse a fondo con la labor misionera de la Iglesia.
“Sé valiente”. El papa Francisco invita continuamente a retomar la audacia del Evangelio. Coraje y valentía para salir de nosotros mismos, para resistir la tentación de la incredulidad, para gastarnos por los demás y por el Reino, para soñar con llegar al más apartado rincón de la Tierra.
“La misión te espera”. Es la hora de tener valor para tomar parte en la actividad misionera de la Iglesia. Hasta el último confín, sin límites ni fronteras. Todos estamos llamados a la misión. El anuncio del Evangelio es una necesidad del creyente.
“La misión en el corazón de la fe cristiana”. Lo recuerda el Papa Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2017. La mayoría de los bautizados viven la misión en su vida diaria, algunos son enviados por la Iglesia como misioneros; pero todos sienten la necesidad de transformar su existencia en un compromiso misionero. Se trata de “salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 20).
Con la Jornada Mundial de las Misiones, Domund, se apoya económica y espiritualmente a los territorios de misión, aquellos lugares del mundo donde el Evangelio está en sus comienzos y la Iglesia aún no está asentada. Estos territorios están confiados a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, y dependen de la labor de los misioneros y del sostenimiento económico de las Obras Misionales Pontificias (OMP) de todo el mundo.
Desde OMP España invitamos a todas las comunidades cristianas a participar en las actividades de información, formación y cooperación misionera organizadas con ocasión del Domund.
Para saber más sobre el Domund y descargar todos los materiales de animación misionera para celebrarlo visita nuestra página de DOMUND:

miércoles, 27 de septiembre de 2017

LA MISIÓN, ESCUELA DE DIOS

En su testimonio, Beatriz anima a todos los jóvenes a tener una experiencia misionera


Me llamo Beatriz Fra Amores, tengo 18 años y soy de la Diócesis de Alcalá de Henares. He tenido el inmenso regalo de haber podido participar dos años consecutivos en un viaje misionero a Ecuador.
Para mí la Misión es una dosis de Misericordia; pues el Señor me lleva allí para hablarme, para caer en la cuenta de que le necesito y de que no soy nada sin Él, y de sencillez; pues allí sin tus comodidades, tus facilidades de vida descubres que lo verdaderamente importante es amar a Dios y reflejar su amor por las almas. Y esto es lo que yo vivo, o intento vivir con Su ayuda, en la Misión.
Pasamos un poco más de 20 días en los que lo único que importa es cumplir dócilmente la voluntad de Dios e ir allí donde Él nos lleve; ya sea a una familia, a un colegio, a un encuentro de jóvenes, o a comunidades en la selva. Vas descubriendo con el paso de los días que necesitas la fuerza de la Eucaristía y el descanso de la Oración, que no es tan importante las ayudas materiales que puedas ofrecer sino llevarles el Amor de Dios que lo puede todo. Que por mucho que te esfuerces en ser generosa, buena y agradable solo lo serás si te dejas hacer por el Señor y pones todo tu ser a su servicio.  Esto te enseña y te ayuda a vivirlo bien para que cuando vuelvas a tu casa, al sitio que Dios ha pensado para ti, puedas vivirlo con la misma sencillez y alegría que en el lugar de la misión, entregándote del todo al Señor y no solo con ‘las migajas’. Por eso nos gusta llamar a la Misión ‘la Escuela de Dios’ porque en cada acto, palabra, situación… el Señor te guía, te enseña y te ayuda a cumplir lo que Él quiere, aprendiendo a mejor amarle y servirle. Es una maravilla comprobar como en la sencillez en la que la gente vive allí, el Señor se muestra tan fácilmente y nos acompaña en todo momento, mirando a cada uno de los que allí sufren con inmenso amor e inmensa misericordia.
Por eso animo a todos a tener una experiencia misionera y, por supuesto a hacer de su vida una Misión, a abandonarse del todo en Dios y dejarse hacer por Él, porque el Señor nunca se deja ganar en generosidad.



viernes, 22 de septiembre de 2017

EXPERIENCIA MISIONERA DE MYRIAM

La experiencia misionera de este verano cambió la vida de Myriam, humana y espiritualmente



Myriam nos habla, desde el corazón, de su experiencia este verano en Ecuador, de cómo su vida ha dado un giro enorme y ahora, ya de regreso en Alcalá, toca reflexionar y ponerse manos a la obra con su "misión" aquí, en su entorno más cercano.

"Para mí el tema de las misiones siempre ha sido algo que he tenido en mente, algo que “cuando fuese mayor debería probar”. Pero no fue hasta este mismo verano que el Señor puso en mi corazón el deseo de dejarlo todo y embarcarme en una aventura con Él como capitán.
La verdad es que ha sido una experiencia inolvidable. Para mí ha significado muchísimo, ha sido un punto de inflexión más que necesario en mi vida pues, antes de ir, yo me consideraba una chica feliz. Tenía buenos amigos, una familia que me quería, un novio estupendo, en los estudios me iba bien y mi círculo social era bastante amplio. Imagínense el choque mental que sufrí  cuando, después de unos días misionando por Ecuador, descubrí que en Alcalá no era tan feliz como pensaba, que tan sólo me limitaba a sobrevivir cómodamente, a tener una serie de cosas o vivencias que me permitían estar bien, alegre, satisfecha, pero no feliz. Y no fue hasta que me encontré en Ecuador, rodeada de todos esos niños y ancianos que visitamos, que tuve la suerte de encontrarme conmigo misma, de sentir cómo un corazón que antes sólo sabía latir ahora se estremecía dentro de mí desbordado por un amor y una felicidad que nunca antes había experimentado. Me sentía útil para los demás, completa, con la seguridad de que lo que estaba haciendo era lo que Él quería para mí, y sinceramente creo que no hay mayor felicidad que la que se alcanza al recorrer el camino con el que Dios ha soñado para ti.
¿Que si han cambiado cosas en mí?
Sinceramente creo que ni tanto yo como las otras 9 chicas con las que compartí el viaje somos las mismas chicas de antes.
La misión me ha ayudado a salir de mí completamente, a darme a los demás y ser capaz de ver en ellos el rostro de Dios. También me ha hecho ser consciente de  todo lo que tenemos aquí y de lo poco que lo valoramos, de qué es realmente un problema y qué sólo tonterías con las que decidimos complicarnos un poco la vida.

Espiritualmente me ha servido muchísimo. Si algo saco en claro de todo el viaje es que Dios jamás se olvida de nosotros, que está ahí para y por cada uno de nosotros esperando ansioso a que agarremos su mano para poder salvarnos y que siempre siempre podremos encontrarlo en lo más pequeño, en lo humilde, entre los más sencillos. Esto me resulta aparte de bonito extremadamente esperanzador, sobre todo en los tiempos que vivimos.
Otra cosa que me asombró fue la felicidad de los niños de allí. Sus risas eran diferentes a las de aquí, eran capaces de disfrutar de la vida, del día a día a pesar de lo poco que tenían… y eso me descubrió que éramos nosotros, los que rodeados de miles de lujos y comodidades, éramos los verdaderamente pobres por dentro.
Ahora que estoy de nuevo en mi ciudad y después de haber reflexionado acerca de todas las experiencias y gracias recibidas a lo largo del viaje no es que quiera, sino que tengo la necesidad de continuar la misión que comencé en Ecuador pero aquí, en mi entorno, con mi familia, amigos y conocidos. ¡Así que manos a la obra, aún hay mucho por hacer!"