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martes, 17 de noviembre de 2020

Testimonio de Bea Fra: Hacer de la vida una misión

Bea Fra es una joven enfermera de la Diócesis de Alcalá de Henares. Reconoce que las tres experiencias misioneras que vivió en Ecuador le han cambiado la vida, han puesto a Dios en el centro y han transformado su vida «en una Misión».

El Señor me ha concedido un regalo inmenso al permitirme participar durante tres años consecutivos en viajes misioneros a Ecuador con el Hogar de la Madre. Para mí la misión ha supuesto un cambio en mi vida. El Señor se sirve de tu pequeña ayuda y de tu mínimo esfuerzo para enseñarte, para hablarte y para demostrarte el Amor que te tiene. Irte de Misión, salir de tu zona de confort, de tu vanidad, tu egoísmo y permitir que sea el Señor el que dirija tu vida, ofreciéndole todo a Él, es sin duda la mejor manera de vivir una vida en plenitud.

En cada viaje que hice, pasamos un poco más de veinte días visitando familias apadrinadas, dando clase en los colegios, ayudando a construir casas, iglesias, colegios, organizando encuentros y convivencias con jóvenes, dando catequesis, haciendo visitas sanitarias a familias, etc. Además, he tenido la suerte de poder visitar dos comunidades indígenas en la selva de Ecuador y convivir con ellos durante cinco días.

La vida que no se entrega se pudre. En Ecuador pude darme cuenta de que mi vida se estaba pudriendo, que tenía el corazón encadenado por muchas cosas superficiales que hacían que me sintiera vacía. Mi vida giraba en torno a mí misma, por eso cuando allí empecé a servir a los demás, a ponerme en disposición de hacer lo que Dios quisiera en cada momento, experimenté que mi corazón, poco a poco, se hacía más libre.

Dar testimonio del amor de Señor me ayudó a darme cuenta del gran tesoro que es la fe. Fue un despertar para comenzar a vivir una vida según su Voluntad, que es la única forma de ser feliz. Comencé a entender que debía ordenar mi vida en Dios, dar el 100% en el amor y ponerle a Él en el centro.

Dios no se deja ganar en generosidad nunca. Si tú le dejas hacer, si vives tu vocación de ser misionero permitiendo que Él te lleve a donde quiera y hacer solo lo que Él quiera, experimentarás una alegría y una paz incomparables y, sobre todo, estarás respondiendo a tu llamada, como bautizado que eres, para ser misionero.

Por eso, animo a todos a tener una experiencia misionera y, por supuesto a hacer de su vida una Misión, a abandonarse del todo en Dios y dejarse hacer por Él.



 

martes, 10 de noviembre de 2020

Testimonio de Günter Rauer: «Lo tiene todo quien tiene a Dios»

 Günter Rauer es un joven español que, a punto de cumplir 18 años, hizo un viaje misionero en una zona muy pobre de Colombia. La experiencia, como recordó en la parroquia de Santo Tomás de Villanueva de Alcalá de Henares, le hizo entender «que lo tiene todo quien tiene a Dios».

El último día de mis misiones, reunidos todos los misioneros, nos dijeron que uno de los hombres que habíamos visitado en su casa cuando recorríamos las colinas colombianas, había fallecido.

Apenas podía entender que habíamos sido la última visita de Dios para ese hombre. ¡Cuánta responsabilidad! Y al mismo tiempo ¡qué gozo! Sentí, junto a la tristeza de la pérdida de ese hombre sencillo con las manos duras como una piedra de tanto trabajo, la alegría de saberme instrumento de Dios.

En 2016, a punto de cumplir 18 años, fui por primera vez de misiones para pasar la Semana Santa acompañando a los campesinos en esta celebración.

Lo primero que me llamó la atención en el retiro previo a la partida fue la cantidad de misioneros, gente de mi edad, que estaba dispuesta a renunciar a sus vacaciones en familia o, como los que se iban a graduar ese año, al viaje de fin de curso a México, para pasar esos días sin agua caliente, comiendo lo que se les diera y durmiendo sobre el suelo frío de una escuela.

Nunca hubo en el mundo persona más dichosa que un misionero tumbado sobre un suelo frío mirando al techo y pensando en el día pasado.

La segunda manifestación del amor de Dios fue el ver la sencillez de aquella gente que carecía de todo. En las casas que habitaban, hechas de latón, era imposible entenderse cuando llovía. Esa misma gente, que tenía lo mínimo, al vernos llegar nos invitaba a pasar y nos ofrecía la comida que tenía, sin conocer nuestros nombres, pero no ignorando por nuestro aspecto que veníamos de los mejores colegios de la capital. Nos contaron de un hombre que, al recibir la visita, mató a su única gallina para dársela a los misioneros que a lo largo de la mañana ya había ido de casa en casa aceptando la abundante comida. Fue cuando entendí que lo tiene todo quien tiene a Dios y que el despojo y la austeridad son vías elegidas por el mismo Redentor para llegar al conocimiento de Dios.

Y finalmente Dios se manifestó a mí de la manera más condescendiente que hay: haciéndome sentir Su presencia. Me concedió mi primer encuentro con Él, de forma sensible, que no deja de ser un don inmerecido que en nada expresa mi propia bondad, antes bien la necesidad que tenía de que Dios se manifestara a mí de una manera tan elemental y comprensible para mí.

Poco podía dar a cambio después de aquello. Gracias a Dios, pude vivir esa semana con una actitud que resume bien una disposición importantísima para nuestra fe: el vivir en el ahora, no preocuparse por el mañana y el darse sin echar cuentas de lo que se está perdiendo.

Estas fueron mis primeras misiones, pero fue también el punto de inflexión de mi vida.


miércoles, 4 de noviembre de 2020

Crónicas de un Domund diferente

 

El Domund de este año 2020 ha estado marcado por la pandemia de COVID-19. 

La Delegación de Misiones de Alcalá de Henares quiso mantener el envío de misioneros a las parroquias para dar esos testimonios que tanto bien hacen en el corazón de los fieles que escuchan. Pero nos encontramos con la realidad de que muchos misioneros no podían viajar a causa de las restricciones de movilidad y los confinamientos, algunos estaban enfermos, otros pertenecían a grupos de riesgo y no podíamos ponerles en un compromiso… Parecía que no podríamos llegar a todas las parroquias que nos pedían misioneros para animar la jornada del Domund, pero entonces recordamos: «Tenemos otros misioneros, los jóvenes que han participado en viajes misioneros con nuestra Delegación y con otras asociaciones de la Iglesia».

La pandemia nos exigía ser prudentes con los misioneros mayores o de riesgo, pero la Providencia utilizó esta circunstancia para que estos jóvenes misioneros dieran un paso adelante y se repartieran por las parroquias de nuestra diócesis, conmoviendo a quienes les escuchaban con su fe ardiente, con su entusiasmo juvenil y con su entrega generosa. Hicieron bien a los que les escuchaban, y se hicieron bien a sí mismos al recordar las experiencias vividas.

En los próximos días, les iremos ofreciendo resúmenes de los testimonios ofrecidos por estos jóvenes misioneros, junto con los testimonios de los «misioneros de verdad», los que llevan años gastando y desgastando sus vidas por amor a Cristo y por la misión de la Iglesia. Que a través de sus experiencias, el Señor nos mueva interiormente para poder decir también, cada uno de nosotros: «Aquí estoy, envíame».

miércoles, 28 de octubre de 2020

Teniendo a Cristo todo cambia

 

En este DOMUND del 2020, marcado por la pandemia del COVID-19, la Delegación de Misiones de la Diócesis de Alcalá consiguió mantener esa bonita costumbre de enviar misioneros a dar testimonio a las parroquias. Esta actividad tiene dos objetivos: despertar inquietudes misioneras y animar a los fieles a la generosidad con las obras misionales. Cuidando de respetar todas las medidas higiénicas tan necesarias en estos momentos, la Hna. María Regina Martyrum, de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado, acudió a la Parroquia del Espíritu Santo de Torrejón de Ardoz, acogida por su párroco, D. José Javier Camacho López.

La Hna. María Regina Martyrum explicó en su testimonio:

«Cada misión tiene su característica especial. Las misiones en Medio Oriente tratan de ayudar y acompañar a los cristianos que viven en países musulmanes. En Europa nuestra tarea es la reevangelización. Aquí las dificultades son otras. El misionero debe estar preparado para refutar las diversas dudas de la sociedad actual. En las misiones de África, donde la evangelización recién se está realizando, se debe trasmitir el Evangelio e invitarles a que Cristo sea el centro de sus vidas, enseñarles a que sepan defender y cuidar su fe. Teniendo a Cristo en sus vidas, toda su vida cambia, no solo espiritualmente, sino también la parte humana, porque esta también es parte de la tarea de todo misionero: mejorar la dignidad del hombre. 

Todos estamos llamados a SER MISIONEROS, cada uno en su lugar de trabajo, en la familia, en la sociedad. Todos debemos ser testigos de Cristo, con el ejemplo de nuestra vida cristiana. También con vuestra oraciones podéis ser misioneros, acompañando a tantos misioneros que entregan la vida por la salvación de las almas, llevando Cristo a todo el mundo».

La Hna. María Regina Martyrum está destinada actualmente en Paracuellos del Jarama, en nuestra Diócesis de Alcalá de Henares. La Familia Religiosa del Verbo Encarnado, a la que pertenece la Hna. María Regina Martyrum, es una congregación misionera fundada en Argentina en 1984, presente en 42 países de los cinco continentes. Su carisma es la «Evangelización de la Cultura», es decir, llevar el Evangelio a todo hombre, en todo el hombre y en todas las manifestaciones del hombre. Por esta razón, sus apostolados son tan amplios, estando presentes en universidades, colegios, hospitales, residencias de ancianos, parroquias, en la predicación de los Ejercicios Espirituales…