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lunes, 4 de noviembre de 2019

INFANCIA MISIONERA 2020 (CONCURSO)

Con motivo de la celebración de la Jornada de Infancia Misionera 2020, cuyo lema es "Con Jesús a Egipto, ¡en marcha!,Obras Misionales Pontificias y el Secretariado de Infancia Misionera, convocan el Concurso ."¡DALES VOZ! CREA TU PODCAST".
Se trata de que cada niño que participe se convierta en reportero de su propio programa que anuncie la Buena Noticia de que Jesús ya está entre nosotros. Leer más

miércoles, 16 de octubre de 2019

MISA DE ENVÍO MISIONERO


El sábado 19 de octubre, a las 12.00 horas, se  celebrará en la Catedral Magistral de Alcalá de Henares una Misa de Envío Misionero de los agentes de pastoral diocesana.La Santa Misa será presidida por Mons. Juan Antonio Reig Pla.

martes, 15 de octubre de 2019

TESTIMONIO MISIONERO DE VICTOR

Victor Hervías Bel es seminarista del Seminario Mayor Diocesano "La Inmaculada y de los Santos Justo y Pastor" de Alcalá de Henares. Este verano fue junto con otros seminaristas y el director espiritual del seminario, P. Francisco Rodríguez González, al viaje misionero a Perú. Nos comparte su experiencia.


Testimonio misionero Perú 29 de Agosto 2019

Acompañando el testimonio del padre Francisco, escribo unas breves líneas que expliquen un poco nuestra experiencia como seminaristas en esta misión en Perú. Antes de comenzar, nosotros organizamos nuestro verano junto con los formadores y nuestro director espiritual, para aprovechar del mejor modo posible los casi 3 meses que tenemos sin clases. En ese tiempo José Félix, Sergio y yo hemos tenido la suerte de viajar, junto con el padre Francisco, a Perú, a ayudar en una organización llamada Coprodeli. Esta ONG fue fundada por un sacerdote de nuestra diócesis, Miguel Ranera, hace 27 años y se encarga entre otras cosas de la educación en barrios muy desfavorecidos, fundando colegios católicos que siempre van acompañados de una iglesia.
Hemos tenido la oportunidad de colaborar con ellos realizando un voluntariado pastoral. Acudimos a diferentes colegios de las zonas del Callao (en Sarita y Pachacutec) y algunas ciudades del sur (Lurín, Ica, Pisco y Chincha Baja), donde pudimos ver que, por encima de la pobreza material, el mayor problema era una pobreza espiritual, que tenía que ver con una apropiación de los nuevos valores de la cultura occidental. A través de internet los muchachos (y sus familias) quedaban fascinados por el mensaje de individualismo y la falsa libertad (libertinaje) que ellos ven tanto en series, películas, youtubers, etc. Eso creaba también una escala de prioridades que no se ajustaba realmente a sus necesidades (prefiero un móvil, un televisor grande o cenar fuera el fin de semana a cubrir otras necesidades más básicas pero menos vistosas). Era impactante ver a un muchacho defendiendo antes los derechos de la ideología de género que a tener una vivienda digna o una educación de calidad.
 Frente a ese problema nuestra tarea principal era el testimonio y la catequesis, mientras que el padre Francisco se dedicaba a lo único que nosotros no podíamos hacer: celebraba la Eucaristía y confesaba durante todo el día, acercando a las personas a la misericordia de Dios y haciendo a Cristo presente.
Nuestro día a día en los colegios siempre comenzaba con una lectio con los maestros a primera hora, seguida de la celebración de la Santa misa con los alumnos de secundaria. Allí, uno de nosotros daba testimonio de su vocación al acabar la Eucaristía y ya pasábamos al reparto de roles. Mientras el padre Francisco  confesaba nosotros íbamos por las aulas, desde infantil (3 años) hasta 5º de secundaria (17 años). Dentro de las aulas la cosa variaba mucho (por la evidente diferencia de edad) pero a todos ellos les trasladábamos el kerigma primeramente y luego, en función de las necesidades, íbamos hablando con los muchachos de multitud de temas: mandamientos, comportamiento, vida cristiana, afectividad, proyecto de vida…Todos ellos temas que los profesores y voluntarios veían necesario trabajar con los chavales. Y luego ellos mismos, en cuanto habían cogido algo de confianza, preguntaban sobre todas las dudas que tenían.  Al acabar la jornada lectiva pasábamos junto con el padre Francisco a echar una mano con los padres y las madres (especialmente mujeres en riesgo) a las que Coprodeli ayuda por las tardes. Es algo muy importante que una organización entienda su trabajo como algo global. ¿De qué sirve educar a los hijos si no se ayuda a todo el núcleo familiar? Con la mayor de las humildades, pues uno se siente intimidado al hablar desde su juventud a un grupo así, les indicábamos como llevar adelante su fe, como ayudar a sus hijos en sus familias, tratando de acercarles a Cristo mostrando las bondades de su Iglesia.
Adentrándonos un poco más en la experiencia en sí, las palabras siempre se quedan cortas. Nos ha sorprendido a todos la comunidad que crece en los Barracones, la zona más peligrosa de todo Perú, donde en tres pequeñas capillas los fieles se reúnen para celebrar la Eucaristía y crecer juntos. Ver, en medio de aquel barrio, a estas personas unidas en oración, que buscan perseverar en su camino de fe es para nosotros un testimonio inmenso de la Iglesia en el mundo. Entre toda esta violencia, ellos tienen la oportunidad de plantarle cara y vivir el Evangelio cambiando poco a poco su barrio.
Fue precioso también poder pasar los días hablando con los chavales acerca de todas sus dudas e inquietudes con respecto a la fe. La atención y el respeto que te prestaban, haciendo suyos los conocimientos que tratábamos de transmitirles y mandándose callar unos a otros para poder escucharte te hace consciente de la belleza del mensaje que transmites, que cuando uno se abre a él todo lo demás lo considera pérdida. También descubrir la importancia de la humildad y confiarse al Señor, sabiendo que es El solo el que tiene que hacer florecer la pobre semilla que tú plantas.
Ver, por último, como tu necesidad de oración crece día a día, siendo consciente de que es Dios quien te sostiene, buscando pasar todos los momentos posibles en su compañía. Comenzar el día con laudes, cada clase rezando, celebrar con ellos la Santa Misa y poder llevarle al Señor al llegar la noche tantas personas que has conocido, ponerlas delante de Jesús sacramentado sabiendo que Él se hace cargo es una fuerza tremenda para la tarea que se te presenta. Hoy aún seguimos encomendando a tantas personas que dejamos allí, pidiendo por ellas, manteniéndonos unidos en la oración.
Ha sido una oportunidad increíble, que nos ha confirmado en nuestra vocación. No hay nada como acercar a la gente al Señor, para saber que eso es a lo que quieres dedicar toda tu vida. Ver como Cristo pasa a través tuyo para darse a los demás, y comprobar la necesidad de sed de Dios que hay en las almas de la gente es un incentivo muy grande para seguir progresando en este camino vocacional.

martes, 8 de octubre de 2019

TESTIMONIO DE EXPERIENCIA MISIONERA DE IRENE


Irene viajó este verano a Perú para tener una experiencia corta de Misión y nos dice que "Ha aprendido a tener una mirada paralela con el otro, igualitaria, porque nadie es más que nadie." Sabias palabras las suyas. Conozcamos más detalles de su experiencia misionera 


Después de varios voluntariados en mi país, hubo un momento en mi vida en el cual me planteé la idea de irme fuera de España a realizar uno, a un lugar donde existiese la pobreza y donde yo pudiese hacer falta y así fue de un día para otro, conocí a las misioneras en mi facultad y tuve “la suerte” y la posibilidad de poder tener el billete de avión para aterrizar en San Juan de Lurigancho (Perú).
Aquel lugar tan peculiar y que tan significante ha sido en mi vida. No hubo un día que no aprendiese algo de allí, que no dejase de ver situaciones nuevas, impactantes e incomprensibles para mí. Desde los niños desamparados, escasos de comida, con carencias de muchos tipos: cariño, cuidado y atención, hasta el niño que regalaba su bolsa de chucherías a otro ya que éste no tenía.
En el hospital conocí también a niños inmóviles en sus camas enfermos. Almendra, así se llama una niña que apenas podía moverse, sin familia sin unos tutores que pudiesen ocuparse de ella y que aún así solo buscaba jugar y compartir tiempo contigo. Yo me cuestionaba una y otra vez la fatalidad de la situación de esta niña, pero ella y su inocencia solo te regalaban sonrisas.

En el comedor donde ayudábamos a dar comida a los necesitados. Vi gente tan agradecida, tan educada, tan humilde, tan avergonzada, respetuosa y reservada. Muchos no mantenían una mínima palabra contigo, pero sus miradas lo decían todo, aquellas miradas tan perdidas, tristes y desesperadas que pedían ayuda y consuelo. Aquellas miradas me tocaban demasiado el corazón.
Aquella familia de 4 miembros que conocimos y a la cual solo podías entregar un plato de comida, ya que no llegaba para los demás.  Los niños a los que visitaba, los cuales en mi país podrían tener unas condiciones y un desarrollo mucho mejor al que tenían allí.  Me impactó conocer un niño autista con dos tumores cerebrales que su padre no tenía la plata para poder operarle en Cuba o EEUU, ese padre que a la vez era madre.  Este niño no podía hablar ni siquiera ponerse de pie, pero, su mirada me transmitió tanto: ¡tanta impotencia, tantas ganas de poder ayudarle y que tuviese la vida que todo ser humano merece!

Una tarde de domingo, nos fuimos Cerro arriba, a visitar una familia, con varios hijos y una casa con cuatro paredes de madera sucia y desaliñada, sin ningún tipo de recursos económicos, ni tampoco psicológicos, aquello no cubría ni las mínimas necesidades que una persona necesita. Pero una vez más, los niños ¡tan vivos!, tan inocentes de vivir ahí y de tener que vivir esa situación. Yo me preguntaba continuamente por qué y por qué. 
Y aquella familia que solo pedía una sencilla prueba para saber si tenían o no tuberculosis y así quitar la angustia con la que vivían, que solo pedían un mínimo ingreso económico para poder sacar adelante a sus cinco hijos.

El encuentro con un chico venezolano con una carrera profesional, me marco. Su único ingreso económico era vender caramelos en los autobuses y a pesar de ello, él nos los regalaba porque quería que fuese un detalle de la gente de Venezuela.

Y tantas experiencias en el día a día, tanto que asimilar y reflexionar detenidamente que no hay día que no piense en Perú y en todo lo que me ha aportado.

Perú me ha mostrado mucho, allí bastante población sobrevive no vive. La pobreza material, el atraso a nivel profesional o en las instituciones sociales en las que hacíamos el voluntariado, con medios y recursos muy sencillos en comparación con otros países.
 Pienso en la falta de empatía de parte del poder y gobierno hacía la gente de su propio pueblo. ¿Cómo es posible? Pienso en la injusticia de este mundo, en nuestra capacidad para mirar para otro lado como si no pasara nada y todo estuviera bien.
Pero también he visto corazones vivos en Perú. Su gente es gente humana, gente sencilla y amable, gente agradecida con lo poco que tienen, gente educada, con mucha capacidad de resiliencia, con un sentido de comunidad muy grande; su sensibilidad, su bondad, su caridad, su amor y su afabilidad. Todos los que estuvimos allí, observamos la riqueza material de la que carecen y la riqueza moral y valores de la que gozan.

Y entonces me di cuenta de lo que hay fuera de nuestra burbuja europea y occidental. Esto pasa cuando tocas la realidad o por lo menos te asomas, te haces consciente de lo mucho que tenemos y lo poco que lo valoramos a veces.  Es pura suerte y casualidad el que te haya tocado vivir en unas condiciones de vida y no en otras. He aprendido a tener una mirada paralela con el otro, igualitaria, porque nadie es más que nadie.  El valor de la vida de un pobre mendigo anciano pidiendo dinero para poder comer en su día a día, es el mismo que el que vive en el completo lujo, nadie tiene menos derechos que nadie, porque todo el que viene a este mundo tiene el derecho a una vida justa y en condiciones.
He aprendido, que debemos mirar al otro y ponernos en su piel, pienso que “hay mucha humanidad en paro”, es decir: muchos corazones que necesitan estar más vivos y cambiar este mundo a mejor, porque solo hay una raza: la humana. Aunque es verdad que nos separan fronteras, culturas, lenguas e ideas, creo que, hay algo que nos une a todos y es el lenguaje del amor. ‘’Porque mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo’’.