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sábado, 20 de febrero de 2021

Pedro Opeka propuesto para el Nobel de la Paz

 Pedro Opeka, misionero en Madagascar, «apóstol entre la basura», propuesto para el Nobel de la Paz

Recogemos en el blog de la Delegación de Misiones de Alcalá de Henares este artículo de Religión en Libertad. Y en el P. Pedro Opeka, rendimos homenaje a tantos y tantos misioneros, igualmente merecedores como él de recibir tan destacado galardón. A cada uno de ellos dirigimos las palabras de Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Vita Consecrata: «Vivid plenamente vuestra entrega a Dios, para que no falte a este mundo un rayo de la divina belleza que ilumine el camino de la existencia humana» (VC 109).

esloveno, miembro de la congregación de la misión de San Vicente de Paúl, ha sido propuesto para el Premio Nobel de la Paz por el primer ministro de Eslovenia, Janez Janša, como reconocimiento a su ayuda "a las personas que viven en condiciones de vida espantosas”, en particular en Madagascar, donde vive como misionero desde hace tres décadas. El padre Opeka ha sido tras veces nominado al Premio Novel de la Paz. Esta vez la propuesta viene del primer ministro esloveno.

Allí fundó en 1989 la asociación humanitaria Akamasoa (“buen amigo”) en 1989 como un “movimiento de solidaridad para ayudar a los más pobres de los pobres” que viven en los basureros.

Según informa Aciprensa, la asociación ha proporcionado cuatro mil casas de material noble a personas y familias sin hogar y ha ayudado a educar a trece mil niños y jóvenes desde su creación.

Se da la circunstancia de que el padre Opeka fue alumno del Papa en la facultad de Teología en el curso 1967-68. Se fundieron en un sentido abrazo cuando Francisco viajó a la isla en septiembre de 2019 y visitó la Ciudad de la Amistad, en las afueras de la capital Antananarivo, construida sobre un antiguo vertedero. Por ese motivo Opeka es también conocido como "el apóstol entre la basura". Francisco elogió entonces "su testimonio profético y generador de esperanza”.

Pedro Pablo Opeka nació en Buenos Aires (Argentina) en 1948. Sus padres eran refugiados de Eslovenia que emigraron tras el inicio del régimen comunista en Yugoslavia.

A los 18 años ingresó en el seminario de su congregación y dos años más tarde viajó a Europa para estudiar Filosofía en Eslovenia y Teología en Francia. Luego pasó dos años como misionero en Madagascar. En 1975 fue ordenado sacerdote en la Basílica de Luján y en 1976 regresó a Madagascar, donde permanece hasta el día de hoy.

Al ver la pobreza desesperada en la ciudad capital de Antananarivo, especialmente en los vertederos de basura, donde la gente vive en cajas de cartón y los niños compiten con los cerdos por la comida, decidió hacer algo por los pobres.

Con ayuda enviada del extranjero y el trabajo de la gente de Madagascar, fundó aldeas, escuelas, bancos de alimentos, pequeños negocios e incluso un hospital para atender a los pobres a través de la asociación Akamasoa.

Durante la pandemia de coronavirus el padre Opeka ha trabajado para ayudar a las familias que han acrecentado su pobreza como consecuencia de las medidas impuestas por las autoridades por la pandemia de covid. “La situación es difícil para las familias, para los pobres que tienen muchos hijos. No tenemos arroz. No tenemos agua. Necesitamos agua y jabón”, dijo el sacerdote a Radio Vaticano en abril de 2020.


martes, 16 de febrero de 2021

Mensaje del Papa para la Cuaresma 2021

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando Jesús anuncia a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección, para cumplir con la voluntad del Padre, les revela el sentido profundo de su misión y los exhorta a asociarse a ella, para la salvación del mundo.

Recorriendo el camino cuaresmal, que nos conducirá a las celebraciones pascuales, recordemos a Aquel que «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2,8). En este tiempo de conversión renovemos nuestra fe, saciemos nuestra sed con el “agua viva” de la esperanza y recibamos con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo.

En la noche de Pascua renovaremos las promesas de nuestro Bautismo, para renacer como hombres y mujeres nuevos, gracias a la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, el itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo.

El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

1. La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.

En este tiempo de Cuaresma, acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos transmite de generación en generación. Esta Verdad no es una construcción del intelecto, destinada a pocas mentes elegidas, superiores o ilustres, sino que es un mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del corazón, abierto a la grandeza de Dios que nos ama antes de que nosotros mismos seamos conscientes de ello. Esta Verdad es Cristo mismo que, asumiendo plenamente nuestra humanidad, se hizo Camino —exigente pero abierto a todos— que lleva a la plenitud de la Vida.

El ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento.

Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y “acumula” la riqueza del amor recibido y compartido. Así entendido y puesto en práctica, el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo en cuanto, como nos enseña santo Tomás de Aquino, el amor es un movimiento que centra la atención en el otro considerándolo como uno consigo mismo (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 93).

La Cuaresma es un tiempo para creer, es decir, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle “poner su morada” en nosotros (cf. Jn 14,23). Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones —verdaderas o falsas— y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero «lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14): el Hijo de Dios Salvador.

2. La esperanza como “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino  

La samaritana, a quien Jesús pide que le dé de beber junto al pozo, no comprende cuando Él le dice que podría ofrecerle un «agua viva» (Jn 4,10). Al principio, naturalmente, ella piensa en el agua material, mientras que Jesús se refiere al Espíritu Santo, aquel que Él dará en abundancia en el Misterio pascual y que infunde en nosotros la esperanza que no defrauda. Al anunciar su pasión y muerte Jesús ya anuncia la esperanza, cuando dice: «Y al tercer día resucitará» (Mt 20,19).

Jesús nos habla del futuro que la misericordia del Padre ha abierto de par en par. Esperar con Él y gracias a Él quiere decir creer que la historia no termina con nuestros errores, nuestras violencias e injusticias, ni con el pecado que crucifica al Amor. Significa saciarnos del perdón del Padre en su Corazón abierto.

En el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación. El tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, mientras que nosotros a menudo la maltratamos (cf. Carta enc. Laudato si’, 32–33;43–44).

Es esperanza en la reconciliación, a la que san Pablo nos exhorta con pasión: «Os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20). Al recibir el perdón, en el Sacramento que está en el corazón de nuestro proceso de conversión, también nosotros nos convertimos en difusores del perdón: al haberlo acogido nosotros, podemos ofrecerlo, siendo capaces de vivir un diálogo atento y adoptando un comportamiento que conforte a quien se encuentra herido. El perdón de Dios, también mediante nuestras palabras y gestos, permite vivir una Pascua de fraternidad.

En la Cuaresma, estemos más atentos a «decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan», en lugar de «palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian» (Carta enc. Fratelli tutti [FT], 223). A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser «una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia» (ibíd., 224).

En el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión: por esto es fundamental recogerse en oración (cf. Mt 6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre de la ternura.

Vivir una Cuaresma con esperanza significa sentir que, en Jesucristo, somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios “hace nuevas todas las cosas” (cf. Ap 21,1-6). Significa recibir la esperanza de Cristo que entrega su vida en la cruz y que Dios resucita al tercer día, “dispuestos siempre para dar explicación a todo el que nos pida una razón de nuestra esperanza” (cf. 1 P 3,15).

3. La caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.

La caridad se alegra de ver que el otro crece. Por este motivo, sufre cuando el otro está angustiado: solo, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad… La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión.

«A partir del “amor social” es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, porque no es un sentimiento estéril, sino la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos» (FT, 183).

La caridad es don que da sentido a nuestra vida y gracias a este consideramos a quien se ve privado de lo necesario como un miembro de nuestra familia, amigo, hermano. Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad.

Así sucedió con la harina y el aceite de la viuda de Sarepta, que dio el pan al profeta Elías (cf. 1 R 17,7-16); y con los panes que Jesús bendijo, partió y dio a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente (cf. Mc 6,30-44). Así sucede con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si la damos con gozo y sencillez.

Vivir una Cuaresma de caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19. En un contexto tan incierto sobre el futuro, recordemos la palabra que Dios dirige a su Siervo: «No temas, que te he redimido» (Is 43,1), ofrezcamos con nuestra caridad una palabra de confianza, para que el otro sienta que Dios lo ama como a un hijo.

«Sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura y, por lo tanto, verdaderamente integrados en la sociedad» (FT, 187).

Queridos hermanos y hermanas: Cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar. Este llamado a vivir la Cuaresma como camino de conversión y oración, y para compartir nuestros bienes, nos ayuda a reconsiderar, en nuestra memoria comunitaria y personal, la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre.

Que María, Madre del Salvador, fiel al pie de la cruz y en el corazón de la Iglesia, nos sostenga con su presencia solícita, y la bendición de Cristo resucitado nos acompañe en el camino hacia la luz pascual.

Roma, San Juan de Letrán, 11 de noviembre de 2020, memoria de san Martín de Tours.

Francisco

Fratelli Tutti

 

lunes, 15 de febrero de 2021

Jornada Mundial del Enfermo 2021

 



Acabamos de celebrar Jornada Mundial del Enfermo un momento para recordar que la enfermedad tiene rostros: "el de cada enfermo y también de quienes se sienten ignorados, excluidos; en la pandemia hemos comprobado que los ancianos, los más débiles y vulnerables no siempre tienen acceso a tratamientos sanitarios. Pero también ha mostrado la entrega y generosidad de una multitud silenciosa de hombres y mujeres que han decidido mirar esos rostros y han ayudado, cuidado y consolado" recordaba el Papa Francisco

Cientos de misioneros cuidan a enfermos y desvalidos. Y en esa tarea has colaborado tú , porque, gracias a ti, que te sientes parte de esta gran familia misionera, OMP ha podido ayudar a dispensarios, hospitales y centros asistenciales. 

Hoy te mostramos la ayuda que OMP envía todos los años a un centro de discapacitados en Sáhara Occidental, donde más de 60 niños y jóvenes reciben rehabilitación, implantación de audífonos y el apoyo que necesitan.




viernes, 12 de febrero de 2021

“Tú eres misión” de TRECE: nuncios de la Santa Sede en territorios de misión

 

El programa de TRECE de las Obras Misionales Pontificias de este próximo lunes por la noche se centrará en la labor de los nuncios del Papa en zonas de misión, que son precisamente los garantes de que los donativos de las OMP llegan de verdad a la gente. Para esto se entrevistará a Mons. Luis Miguel Muñoz Cárdaba, Nuncio Apostólico en Sudán y Eritrea, dos de los países más pobres del mundo y para cuyas Iglesia las ayudas de las Obras Misionales Pontificias son de absoluta necesidad. Se le preguntará sobre la situación en la zona, donde la guerra civil en Sudán del Sur y el reciente conflicto en Etiopía, hacen aún más difícil la convivencia y la vida de los más pobres y necesitados.

En lugar de la tertulia habitual del programa, tendrá lugar una entrevista a Maite Oiartzun, misionera de Nuestra Señora África, en Burundi. Tras la reciente celebración del día de oración contra la trata de seres humanos, esta misionera navarra mostrará la labor que los misioneros realizan a favor de la mujer, víctima principal de esta trata. Aportará su experiencia como misionera no sólo en Burundi, sino también en Burkina Faso, Kenia y México.

Álvaro de Juana presentará la información y actualidad misionera. Antonio Moreno hablará de los recursos que Infancia Misionera, la Obra Pontificia de los niños, ofrece para esta Cuaresma a los más pequeños y de los que pueden servirse profesores, educadores y catequistas. Glaisys volverá a incidir, tras lo expuesto sobre los nuncios, en la importancia de la labor diplomática para lograr la paz, como señalaba el Papa en su mensaje a los diplomáticos acreditados ante la Santa Sede. Por su parte Paula Rivas presentará un proyecto de las Obras Misionales Pontificias en la diócesis de Shimoga, en la costa oeste de la India, sobre cómo la Iglesia apoya hogares para asegurar un futuro mejor a niñas, en una sociedad en la que la mujer es minusvalorada.

El programa “Tú eres Misión” se emite la noche del lunes a las 00:30, después de El Cascabel, en TRECE TV. Y los sábados a las 10:20.

https://www.omp.es/tu-eres-mision-de-trece-nuncios-de-la-santa-sede-en-territorios-de-mision/