Mostrando entradas con la etiqueta Testimonios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Testimonios. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de abril de 2018

TESTIMONIO MISIONERO DESDE ECUADOR

"Un gran regalo" es como titula la hermana Paqui el testimonio que nos hace llegar desde Chone (Ecuador)

 En la comunidad de Chone, Ecuador, una de las labores que tenemos encomendadas es llevar la comunión a los enfermos. Yo he pasado unos días por esa comunidad, y el Señor me tenía reservado un “gran regalo”.
El domingo, después de la misa había que ir a llevar la comunión. La hna que debía hacerlo estaba enferma así que se me pidió a mí sustituirla. Ya esto es un regalo, porque a mí es una de las cosas que más me gustan de las que hacemos. Me parece un privilegio poder ser el instrumento a través del cual el Señor llega a un alma, pero cuál no sería mi sorpresa cuando veo que nos dirigimos a casa del Sr Juan. ¿Quién es el Sr. Juan?

Me remonto  4 años atrás. Yo fui destinada a la comunidad de Chone y en esa primera semana nos pidieron preparar para el bautismo a un joven de 25 años que estaba muriendo de sida y pedía bautizarse. El día del bautizo, al salir de la casa, una vecina se asomó a la puerta y nos pidió que pasásemos a visitar también a su suegro que estaba delicado de salud. La visita no fue agradable precisamente. El Sr. Juan nos recibió con mala cara y con palabras que no disimulaban su disgusto por nuestra presencia allí. Era un hombre que había llevado una vida muy mala, especialmente metido en la impureza. Se jactaba de haber tenido 99 mujeres y a sus 85 años y enfermo era ese el tema que ocupaba su mente y conversaciones.

Cuando salimos de la casa teníamos el deseo de no volver más, pero la impresión de que debíamos ir con frecuencia. Nos parecía evidente que era un alma que nos encomendaba el Señor.
Pasó el tiempo y era puntual nuestra visita semanal a esa casa. Durante las primeras semanas se repetía siempre la misma escena y salíamos con la misma sensación, deseos de no volver y certeza de tener que seguir haciéndolo
En una de las visitas, el Sr. Juan comenzó a decirnos obscenidades. Esto ya fue el colmo! Enfadadas le dijimos: “!Basta ya! Nosotras no tenemos por qué aguantar que ud nos diga esas groserías, ahora mismo se calla y comenzamos a rezar!” Él dijo que no quería rezar, así que le contestamos: “Entonces escuche, no responda si no quiere pero cállese mientras nosotras rezamos. Y no vuelva a faltarnos el respeto de esa manera.”

Lo que podría haber sido nuestra última visita, se convirtió en el comienzo del cambio Sr. Juan. Las semanas sucesivas, cuando llegábamos rezábamos el rosario de la Divina Misericordia. El solo escuchaba, hasta que una de las veces, llenas de alegría, nos dimos cuenta de que había comenzado a contestar a las oraciones. ¡Qué alegría!, El Señor comenzaba a penetrar en su corazón.
Si alguna semana faltábamos por alguna circunstancia, cuando volvíamos a su casa nos recibía con gran alegría y preocupado por si estábamos molestas por algo que había hecho.

Fue pasando el tiempo y le propusimos la confesión. Ante una primera negativa, con la insistencia “a tiempo y a destiempo”, finalmente decidió confesarse después de muchísimos, muchísimos años.
A partir de ahí comenzó una catequesis para recibir su primera comunión. El Sr. Sr. Juan, recibió por primera vez al Señor estando yo en España.

Ahora, al mes de llegar aquí, el Señor me hace el regalo de volver a esa casa. Esta vez encuentro al Sr. Juan en cama, “echo un saquito de huesos” sin poder casi responder a las oraciones, pero me doy cuenta de que sigue con atención cada una de las palabras y veo su deseo de recibir al Señor. Me conmovía ver su mirada en el momento de decirle: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” Verdaderamente es el Cordero de Dios, es el mismo Corazón de Dios, tan enamorado de este alma, que no reparó en nada hasta que la ha recuperado.
¡Qué bueno es Dios! ¡Qué bueno es Dios! Solo me viene eso al corazón cuando el Señor me permite ser testigo de su gran misericordia. La misericordia que ha tenido con el Sr. Juan, la misericordia que ha tenido y tiene conmigo, la misericordia que tiene con cada alma.

Que esperanza comprobar como el Señor espera “su momento” con cada uno de nosotros. No podemos dar a nadie por perdido, aunque pensemos que es imposible que el Señor toque ese corazón. Durante el tiempo que esté aquí no podemos desconfiar de la misericordia y del poder del Señor, pero seamos instrumentos de los que Él se pueda servir para llegar a ellas.

Hermana Paqui
Sierva del Hogar de la Madre

miércoles, 27 de septiembre de 2017

LA MISIÓN, ESCUELA DE DIOS

En su testimonio, Beatriz anima a todos los jóvenes a tener una experiencia misionera


Me llamo Beatriz Fra Amores, tengo 18 años y soy de la Diócesis de Alcalá de Henares. He tenido el inmenso regalo de haber podido participar dos años consecutivos en un viaje misionero a Ecuador.
Para mí la Misión es una dosis de Misericordia; pues el Señor me lleva allí para hablarme, para caer en la cuenta de que le necesito y de que no soy nada sin Él, y de sencillez; pues allí sin tus comodidades, tus facilidades de vida descubres que lo verdaderamente importante es amar a Dios y reflejar su amor por las almas. Y esto es lo que yo vivo, o intento vivir con Su ayuda, en la Misión.
Pasamos un poco más de 20 días en los que lo único que importa es cumplir dócilmente la voluntad de Dios e ir allí donde Él nos lleve; ya sea a una familia, a un colegio, a un encuentro de jóvenes, o a comunidades en la selva. Vas descubriendo con el paso de los días que necesitas la fuerza de la Eucaristía y el descanso de la Oración, que no es tan importante las ayudas materiales que puedas ofrecer sino llevarles el Amor de Dios que lo puede todo. Que por mucho que te esfuerces en ser generosa, buena y agradable solo lo serás si te dejas hacer por el Señor y pones todo tu ser a su servicio.  Esto te enseña y te ayuda a vivirlo bien para que cuando vuelvas a tu casa, al sitio que Dios ha pensado para ti, puedas vivirlo con la misma sencillez y alegría que en el lugar de la misión, entregándote del todo al Señor y no solo con ‘las migajas’. Por eso nos gusta llamar a la Misión ‘la Escuela de Dios’ porque en cada acto, palabra, situación… el Señor te guía, te enseña y te ayuda a cumplir lo que Él quiere, aprendiendo a mejor amarle y servirle. Es una maravilla comprobar como en la sencillez en la que la gente vive allí, el Señor se muestra tan fácilmente y nos acompaña en todo momento, mirando a cada uno de los que allí sufren con inmenso amor e inmensa misericordia.
Por eso animo a todos a tener una experiencia misionera y, por supuesto a hacer de su vida una Misión, a abandonarse del todo en Dios y dejarse hacer por Él, porque el Señor nunca se deja ganar en generosidad.



miércoles, 30 de agosto de 2017

EXPERIENCIA MISIONERA EN ECUADOR

Diez jóvenes y dos siervas del Hogar de la Madre de la diócesis de Alcalá de Henares nos hablan de su experiencia misionera en Ecuador

Del siete al veintinueve de agosto, la Delegación de Misiones de Alcalá de Henares, realizó un experiencia de misión en Ecuador; diez jóvenes junto a dos siervas del Hogar hemos pasado días preciosos realizando nuestra misión en diversos lugares de Ecuador: Guayaquil, Manabi y en la selva amazónica, en el vicariato de Puyo. 
El último día tuvimos la puesta en común de la experiencia y las jóvenes manifestaban con gran alegría que su experiencia ha sido, sobre todo, de encuentro con Dios. Aquí algunas de sus reflexiones:
"Me parece que en este viaje he aprendido a amar"
"Ha sido un encuentro con Dios a través de esta gente. Tenía una fe fría, ahora me he llenado de Dios" 
"Ha sido una gracia del Señor, en ocasiones dolorosa; me he conocido a mí misma y he descubierto lo mucho que tengo que cambiar"
"Por primera vez he tenido experiencia de Dios"
"El Señor me ha llevado "al desierto" para hablarme al corazón"

Visitamos familias, dimos clases en la escuela, ayudamos en comedores populares, ayudamos como voluntarias en un encuentro con mil jóvenes, preparamos convivencias etc....En la Amazonía pudimos trabajar con comunidades indígenas y tuvimos el privilegio de llegar a una zona donde nunca había llegado un sacerdote o un misionero. Con nuestro grupo de misión se pudo celebrar allí por primera vez una misa. Esto fue un gran regalo para los Shuar, pero también para el equipo misionero, que se sentía instrumento privilegiado de la misericordia del Señor. 
Para finalizar la experiencia misionera pudimos asistir a una conferencia que dió la Hna Guadalupe del IVE, que ha estado varios años en Siria y se ha convertido en vocero de los cristianos perseguidos. Gracias a su testimonio, las jóvenes volvieron con el deseo de vivir coherentemente su fe, siendo verdaderos testigos del Señor en medio de sus ambientes.
Damos gracias al Señor y a Nuestra Madre por esta experiencia de misión y le pedimos que haga de todos nosotros instrumentos de su Misericordia por el mundo entero

Hna Paqui

martes, 4 de octubre de 2016

TESTIMONIO DE MARÍA FRA


María califica su experiencia corta de misión como un auténtico regalo del Señor

Mi experiencia de Ecuador:

Esta experiencia misionera ha sido un auténtico regalo del Señor, siento que no he dado apenas nada pero que he recibido tantísimo. Está claro que no se deja ganar en generosidad, pero es sorprendente como ofreciéndole tan solo “un mes de vacaciones” puede hacer maravillas.
Me ha ayudado sobretodo en mi vida espiritual, a aprender que Dios nos habla en cada momento, y que nosotros debemos estar muy atentos y seguir siempre Su Voluntad, porque solo así seremos realmente felices, aunque objetivamente nuestros deseos, cuando no coincidan, puedan parecer humanamente “mejor opción”. Debemos ser siempre muy generosos con Él, y empezar hoy mismo hasta poder llegar a afirmar como Santa Teresa de Calcuta “no le he negado nunca nada a Dios”.
El hecho de dejar todo en España, nuestras comodidades, nuestras seguridades, llevar el control de nuestras vidas, planes y demás, nos ha obligado a dejarnos en Sus Manos. Yo he aprendido a poner un poco mejor mi confianza en Él, porque por fuerza debías hacerlo, pero lo cierto es que al final se experimentaba que siempre era lo mejor, dejarlo todo en Sus Manos, porque nadie mejor que Él nos podía cuidar.
Verdaderamente siento que no hemos hecho “nada”, pero si tuviera que destacar algo, quizá fuera la experiencia en el EJA y en Playa Prieta. El EJA es el encuentro de jóvenes de la arquidiócesis de Portoviejo donde pudimos aportar nuestro granito de arena en la organización del evento. Fue impresionante ver a tantos jóvenes compartiendo aquella jornada entorno al Señor en un ambiente de oración. Respecto a los días en Playa, fue muy bonita la labor que hicimos en la Escuela, y es increíble la generosidad y la capacidad de asombro que tienen aquellos niños en sus corazones. Estaban súper agradecidos por cada cosa que hacíamos por pequeña que fuera. También fue precioso poder acercarnos a repartir “las canastas” (bolsas que cubren las necesidades básicas, alimentación e higiene) a las familias apadrinadas. Muchas de ellas lo habían perdido todo en el terremoto, casa, trabajo, sin embargo lo que no habían perdido era la alegría y la Esperanza, porque evidentemente no la tenían puestas en las cosas materiales sino en el Señor. Es increíble como a pesar de sus circunstancias no culpaban a Dios sino que seguían agradeciéndole lo poco que tenían. Han sido todo un ejemplo para nosotras.
Ha sido una experiencia muy fuerte que indudablemente nos ha hecho salir de nosotras mismas para intentar ser instrumentos del Señor. En este sentido, todo lo vivido ha sido una bendición, más allá de lo que hemos hecho, y el bien que hayamos podido hacer, porque ha ido de la mano de un acercamiento muy fuerte al Señor y nuestra Madre que han dado sentido a este viaje y han hecho que su valor sea incalculable.

María Fra






jueves, 5 de mayo de 2016

EXPERIENCIA EN ECUADOR TRAS EL TERREMOTO

 "El sufrimiento tiene la capacidad de hacer brillar también la bondad a la que está llamado el corazón humano", así habla la hermana Paqui a su regreso de Ecuador tras el terremoto.



Me piden que cuente como ha sido mi experiencia la semana pasada en Ecuador. Voy a intentarlo, aunque reconozco que no me resulta sencillo. Han sido muchas las emociones y sentimientos también encontrados.
Tras conocer la noticia del terremoto en Ecuador en el que ha sido afectada gravemente una de nuestras comunidades: una hermana y 5 jóvenes fallecidas, y 3 hermanas y dos jóvenes heridas., tuve el “regalo” de poder ir con el fundador y la Madre General a visitar a nuestras hermanas y ver la situación actual.
¿Cómo encontré a las hermanas?...  Con un cuerpo totalmente magullado, llenas de dolores, pero con un espíritu fuerte y una sonrisa en la cara, intentando ver en todo, la voluntad de Dios y sobreponerse a una experiencia terrible. Para las hermanas que se turnan en cuidarlas es un privilegio. Ciertamente están sufriendo, sobre todo por la muerte de la Hna. Clare y de las chicas, pero el Amor es más fuerte que la muerte y sabemos que lo que permite el Señor es siempre para nuestro bien.
¿Las familias? Sufriendo. Muchas han perdido todo, sus seres queridos, sus casas, sus bienes… y ante un sufrimiento tan atroz corren el peligro de perder también la esperanza. Lo único que no pierden es el miedo. La gente vive en una continua inseguridad, al menor movimiento renace en ellos el temor y la angustia. Aquí está la gran batalla, conseguir elevar la mirada y darnos cuenta de que estamos hechos para el cielo, donde ya no habrá llanto ni sufrimiento ni miedo, donde gozaremos eternamente del amor de un Dios tan bueno.
¿Las ciudades? El centro de Portoviejo totalmente devastado, viviendas, edificios públicos, hospitales… Lo que no consiguió demoler el terremoto lo deben hacer ahora los trabajadores, porque las estructuras que quedaron en pie no son seguras, poco a poco se van derrumbando más y más edificios.
¿Nuestro colegio? Todo el edificio ha quedado reducido a escombros. No queda ni una pared en pie. Solo las aulas de primaria no se derrumbaron, pero están totalmente agrietadas, paredes y suelo, y habrá que demolerlas. Tendremos que comenzar de nuevo. Más de 400 niños estudiaban allí  y muchas familias vivían de su trabajo en la escuela. Estamos en manos de Dios y Él hará resurgir todo incluso con más belleza.
El sufrimiento tiene la capacidad de hacer brillar también la bondad a la que está llamado el corazón humano. Muchas personas están volcándose en ayudar a los que han sido más afectados. Colaboran con lo que tienen: comida, medicinas, ropa, y sobre todo es impresionante los que colaboran con sus vidas, poniendo todo su tiempo a disposición para hacer reparto de alimentos o cuidar a los enfermos.
Por último me gustaría aprovechar para agradecer a la diócesis de Alcalá todo su apoyo. Desde el comienzo nos hemos sentido totalmente arropadas. Comenzando por Don Juan Antonio, que se comporta con nosotras como un verdadero padre. Los sacerdotes, de los que hemos recibido mucho cariño y una visión sobrenatural de las cosas que nos ayudaba a vencer la tristeza y elevar la mirada al cielo, uniéndonos a Maria, como nos dijo uno de ellos, para sufrir con Ella y como Ella, tomando la fuerza de sabernos miradas por Jesús. Cáritas, que han sido con nosotras una verdadera familia, facilitándonos todo y tratándonos con una delicadeza asombrosa. Y como no, la delegación de misiones, cuyos voluntarios han estado disponibles para ayudar en lo  que hemos necesitado.
Termino estas letras pidiendo oraciones, para que el Señor fortalezca a los que están sufriendo, y para que en todos nosotros brille la certeza de que Dios lo puede todo, lo sabe todo y nos Ama.


jueves, 28 de abril de 2016

Noticias de Puerto Maldonado (Perú)



Angel Labrador, nos envía desde Puerto Maldonado, en Perú, unas imágenes acompañandas  de estas palabras: " Unas fotos a orillas del río Tambopata, que enseguida desemboca en el Madre de Dios. Está al ladito del Hogar y llevamos a los más pequeños de paseo. La Providencia les regala uvas gordas, plátanos.....en uno de sus embarcaderos. Unidos en oración"
Gracias, Ángel, por tu generosidad. 
Ángel, colaborador de nuestra delegación, e Isidoro llevan desde diciembre prestando apoyo a una misionera, como hacen cada año.





martes, 9 de febrero de 2016

TESTIMONIO P. CHRISTOPHER HARTLEY

Con su testimonio, el P. Christopher logró “prender fuego” misionero en el corazón de todos los que acudieron a escucharle.


El viernes pasado, después de celebrar la Eucaristía, el P. Christopher compartió su vida con todas las personas que se habían reunido en la capilla del obispado para escucharle.
Su entusiasmo, su sencillez y simpatía, su humildad contando las cosas, contribuyeron a “dulcificar” la dureza de su vida misionera.
El día en que su padre le regala un libro de Madre Teresa surge en él la vocación misionera y empieza el camino que le habrá de llevar a la India , Nueva York, República Dominicana y Etiopía.
El P. Christopher ha vivido la persecución,  la soledad, el miedo, pero continúa luchando al lado de los que sufren injusticia, de los más pobres y desfavorecidos.

Os dejamos enlace con su homilía y testimonio. Merece la pena escucharlo!

Otros enlaces que nos ayudan a conocer al P. Christopher:

Vídeo : Price of sugar


Entrevista del periódico El Mundo


Entrevista Hogar de la Madre


Libro: 

viernes, 25 de septiembre de 2015

EXPERIENCIA MISIONERA DE ALMUDENA

Almudena López nos deja su testimomio de #VeranoMisión en Ecuador. Una gran experiencia que ella nos relata con entusiasmo y el deseo de que la labor misionera no decaiga.


Experiencia misionera..........en Ecuador

Por segundo año consecutivo, D. Juan Antonio, nuestro obispo, nos envió a algunas personas a realizar una corta experiencia misionera durante los meses de verano.
Bangladesh, República Dominicana, Perú y Ecuador fueron nuestros destinos. ¡Casi damos casi dan la vuelta al mundo incitados por un gran ardor apostólico!
Los enviados a Ecuador fuimos una arquitecta, una maestra y dos seminaristas.
El destino elegido… Playa Prieta, Chone y el Puyo. Tres lugares distintos de Ecuador, tres realidades diversas que nos han abierto la mente y el corazón para el encuentro con Cristo.

Playa Prieta
Una comunidad de religiosas, las Siervas del Hogar de la Madre, nos acogen y nos invitan a participar de sus actividades pastorales: la parroquia y una escuela. Una zona sin recursos; gente sencilla, sin una formación académica equiparable a la nuestra; necesidades espirituales… ¿qué hacer?
Evitar las inundaciones canalizando el agua y cavando zanjas; formar a los profesores dando seminarios sobre discapacidad e integración; visitar a las familias, repartir comida, dar catequesis, jugar al fútbol y ser testigo de fidelidad y castidad por amor a Jesucristo.


Chone
Una experiencia diferente; los sacerdotes diocesanos acogen a nuestros seminaristas y les muestran su realidad pastoral: dificultades para llegar a todos los lugares, sobrecarga de trabajo, falta de formación en los seminarios ¡y un amor muy grande que les hace donarse cada día!


El Puyo

Zona norte de la selva amazónica: indígenas, culebras y tarántulas. 67 comunidades para un solo sacerdote, un laico y dos consagradas. Distancias de más de cinco horas caminando entre unos lugares y otros, inaccesibles de otro modo. Fango, lodo y ríos… para llegar a pequeñas comunidades de 20 familias, 30 a lo sumo. Cabañas de madera, elevadas para evitar los bichos y sus picaduras; agua del río (sin canalizar y sin potabilizar), sin luz y sin letrinas… ¡el sueño de un boyscout europeo!
Y en lo más profundo de la selva… ¡personas! Personas sedientas de Dios, con necesidad de que se reconozca su dignidad y sus derechos, con ganas de amar y ser amadas, en busca de una esperanza definitiva.
La respuesta se hace esperar, el misionero, el padre Pedro, no siempre puede visitarles. Las comunidades más afortunadas tienen la Eucaristía una vez a la semana, pero las más alejadas una o dos veces al mes. Incluso las hay que ninguna, porque aún no las ha podido visitar y no conocen el amor misericordioso de Dios.
Nuestra labor ha sido puntual: fortalecer la fe de estas personas con nuestro testimonio, nuestras catequesis y nuestras manos. Ideando proyectos para el futuro: la canalización del agua para un lavadero, la construcción de una capilla donde poder orar en comunidad, apoyar la instrucción de los catequistas… ¡y rezar! Rezar mucho por ellos y por toda la labor que queda pendiente. Rezar para que Dios mande operarios a su mies y haya respuestas generosas.


Como diócesis nuestra misión no ha concluido ¡al contrario! No ha hecho más que comenzar. Ahora nos vemos en la obligación de compartirlo con todos, de abrirlo a otros para que esta labor no decaiga, para que en conjunto y como diócesis construyamos el Reino de Dios, aquí y allí, porque solo el que da recibe ¡y nosotros somos testigos de ello! Nuestra vida no es la misma, el paso por Ecuador nos ha marcado, nos ha hecho más hermanos, nos ha unido más a Cristo y a su Iglesia.

Almudena López


miércoles, 11 de marzo de 2015

TESTIMONIO MISIONERO DE MANUEL

Manuel comparte con nosotros su experiencia misionera en Ceuta. Viajó allí con otros 10 jóvenes para, convertidos en instrumentos de Dios,  llevar su Amor a aquellas gentes.



Me llamo Manuel, tengo 19 años  y soy seminarista de la diócesis de Alcalá de Henares. Durante el pasado verano pude compartir mi primera experiencia de misión en Ceuta con un grupo de 10 jóvenes, de más o menos mi misma edad, acompañados de un sacerdote javeriano y una religiosa.

Durante estos días de misión experimenté lo que dice el Evangelio: “tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a verme.” (Mt 25,35-36), lo he experimentado viendo a Dios en el inmigrante y pudiendo llevar el amor de Cristo con mi propia vida a estas personas.
De esta experiencia me tocó muchísimo que, en su gran mayoría, todos los inmigrantes con los que pude estar eran más o menos de mi edad, muchos de ellos incluso más pequeños que yo, y ya han vivido la tremenda situación de dejar su casa, sus tierras, sus amigos, sus familias… para venir a Europa con la esperanza de poder vivir un poco mejor y, después de todo el trayecto tan duro que han recorrido, jugándose infinidad de veces la vida, no perdían la sonrisa de la boca, la alegría y el agradecimiento por todo lo que hacías por ellos.

En su gran mayoría, los inmigrantes con los que estábamos, eran de confesión musulmana, y de esta convivencia y de todo lo anteriormente descrito he redescubierto una nueva faceta de la realidad misionera de la Iglesia: porque yo, cuando he salido a evangelizar por las calles de Alcalá (ciudad en la que resido) con algún grupo de primer anuncio, llevábamos a Cristo anunciando el Kerygma: Jesucristo ha muerto y ha resucitado por ti, porque te ama. Mientras que allí, en Ceuta, llevábamos a Cristo con el testimonio de vida, haciendo de nuestra vida un reflejo de Cristo, siendo instrumentos en las manos de Dios para llevar a los demás Su Amor.
También tuve la suerte de convivir unos días con la comunidad de Franciscanos que están en Tetuán (Marruecos). Con ellos pude ver a Dios en los dos hermanos que quedan, en su testimonio de perseverancia al anunciar la Palabra de Dios en medio del pueblo musulmán, con su testimonio de vida y volviendo a redescubrir lo que anteriormente he descrito sobre esta faceta de la misión: la importancia del testimonio de vida en cada momento del día a día, haciendo presente a Cristo con nuestra propia vida.



miércoles, 25 de febrero de 2015

TESTIMONIO DE MARÍA JESÚS EN REPÚBLICA DOMINICANA


"Tengo la intención de repetir el próximo año y siento que me he acercado un poquito más a Dios". M. Jesús escribía estas bonitas palabras a la vuelta de su #VeranoMisión



DE MISIONES EN REPÚBLICA DOMINICANA

Es difícil escribir un testimonio cuando no te salen las palabras o aún no tienes la ideas ordenadas para poderlas plasmar en el papel. Aunque comenzaré por el principio. Soy María Jesús, tengo 30 años y pertenezco a la diócesis de Alcalá de Henares.
Desde hace años tenía ganas de conocer otra realidad y poder ayudar a otras personas; esas fueron las dos motivaciones que me llevaron a embarcarme en esta aventura. Además de que suponía, y resultó ser verdad, que me ayudaría en mi crecimiento personal.
Bien es cierto que para mí no era indispensable que fuera una experiencia misionera, pero sin casi darme cuenta y sin tenerlo planificado de antemano, acabé subiendo a un avión rumbo a Pedernales,  una región muy pobre de República Dominicana en la frontera con Haití. Se trata de una frontera abierta, por lo que es un punto de encuentro entre ambas culturas.  El grupo lo formábamos unos 20 misioneros de edades muy dispares, entre los que se encontraban dos sacerdotes y dos seminaristas, pertenecientes casi en su totalidad a la diócesis de Madrid. Concretamente, fui con la parroquia de San Germán  (Madrid), la cual lleva 9 años desplazándose durante todo agosto a Pedernales para proclamar la palabra del Señor y acompañar  a la gente de allí.
Puesto que mi motivación para ir no era la de vivir un encuentro con Dios y ni siquiera proclamar su palabra, los responsables hicieron mucho hincapié en que no era un voluntariado ni un campo de trabajo; que esto era otra cosa. Y, efectivamente, lo pude comprobar allí. Yo quería ayudar, ayudar y ayudar, pero muchas veces te sientes impotente porque no puedes hacer nada. No puedes arreglar el mundo en un mes ni eres un superhéroe. Lo que más valoran allí es simplemente la compañía, estar junto a cada una de las personas con la que nos encontrábamos. Que una persona deje su país y sus comodidades para cruzar el charco y esté sentado a su lado en una piedra en lo más recóndito de la montaña era, sin duda, lo que más apreciaban.
Los misioneros  participábamos en la labor pastoral y humanitaria que lleva a cabo la parroquia de la Altagracia, tanto en Pedernales como en las lomas (pequeñas aldeas de chabolas en las montañas, sin agua ni luz en su mayoría). Algunas de las cosas que hicimos fueron realizar censos de población y así aprovechar para visitar las casas y conocer las necesidades particulares de cada persona; visitar la cárcel para compartir con ellos la fe; proclamar la Palabra de Dios en la radio; ayudar en un dispensario médico y visitar las escuelas; participar en la animación mediante conciertos, musicales y encuentros con los jóvenes de la localidad, haciendo con ellos una convivencia; organizar un campamento para niños; contribuir en la dotación de recursos para su labor pastoral en la parroquia: oraciones y catequesis previos a recibir los sacramentos; ayudar en el centro nutricional, misas en las diferentes lomas y en la localidad de Ans-a-Pitre, en Haití… Es fácil enumerar todo lo que hacíamos, pero lo que resulta difícil es explicar lo que sentía cuando hacía todas esas cosas. Lo mismo me ocurre ahora, al recordar a cada una de las personas  y las situaciones que vivimos. Sus caras, sus lágrimas, sus sonrisas, sus plegarias, su actitud ante la vida, sus condiciones de vida… Ha pasado un mes desde mi regreso y aún no soy capaz de contar mi testimonio. De hecho, lo evito porque no quiero ofrecer de cualquier manera algo tan grande.
Desde aquí animo a vivir una experiencia misionera a todos aquellos jóvenes y no tan jóvenes de nuestra diócesis, porque es algo realmente grande. De verdad, fuera miedos, porque yo iba con muchas dudas antes de partir: echar de menos a las personas que aquí dejaba, las comidas, los bichos, no descansar en mi periodo de vacaciones, no saber hacerlo bien, miedo a enfermar, el ritmo de oración (puesto  a que, al no estar acostumbrada, se me podía hacer pesado), no encajar en el grupo… Pero todo eso eran miedos infundados, porque os aseguro que la experiencia fue maravillosa.
Tengo la intención de repetir el próximo año y siento que me he acercado un poquito más a Dios. Así que, ¡¡ÁNIMO!!

María Jesús Malavia Martínez


miércoles, 11 de febrero de 2015

MI EXPERIENCIA MISIONERA EN PERÚ. PILAR LADRÓN

"No es sencillo contar una experiencia transmitiendo el poso que deja en el corazón", así comienza Pilar su testimonio como voluntaria misionera en Perú.


Mi experiencia misionera en Perú

No es sencillo contar una experiencia transmitiendo el poso que deja en el corazón. Son encuentros, imágenes, sensaciones, aprendizaje, que aunque fueran las mismas, no serían iguales para dos personas que las hubieran vivido juntas.
Hace casi siete años tuve la ocasión de vivir una primera experiencia de voluntariado misionero: ver, aprender, y guardar en el corazón. Tras esta vinieron otras, cada una diferente, con vivencias sencillas, que poco a poco me han ido transformando.   

En los primeros viajes predomina el asombro y el sentimiento. Asombro por tantas y tantas cosas que van saliendo al paso y sentimientos que van desde la indignación por la falta de justicia  al dolor de la impotencia. Recuerdos también llenos de ternura y de risas, que se alternan con lágrimas y con preguntas a las que todavía no he encontrado respuesta.
Después uno se reconoce mirando más allá, detrás de la imagen, interiorizando esas sensaciones, dejando de juzgar y de pretender dar lecciones extrañas para quienes viven en esa realidad, y aprendiendo a aceptar con humildad que son ellos quienes te acogen y te abren los brazos, y tú, sintiéndolos ya tuyos, solo puedes caminar a su lado.
Al lado de misioneros que comparten sus vidas por puro amor y entrega. Anunciando a Cristo, real, cercano y vivo también en esas circunstancias.

Una de las cosas que más me llaman la atención es la mirada inquieta y a la vez serena del misionero. Inquietud por todo el trabajo por hacer, y una profunda serenidad por la certeza de que sus esfuerzos no cambiarán el mundo, pero contribuirán a que las vidas de que algunas personas sean distintas, tengan esperanza y sepan que no están solas. Sabiéndose meros instrumentos del Señor, mensajeros de paz y de vida.

Ver la sencillez y cercanía de quienes dejaron todo atrás para entregarse a quienes no conocían, a ser presencia en las condiciones y circunstancias más adversas, a sembrar esperanza sin contar con llegar a conocer un día los frutos de su esfuerzo, es algo que me ha dejado un poso indeleble en el corazón.
Sus rostros curtidos, señalados con tantas y tantas vidas compartidas, sin ser nunca los protagonistas de su historia, nos dan una auténtica lección de vida que no debemos perdernos.
Por eso, no nos debemos cansar de rezar y trabajar por nuestros misioneros, que llegan y se quedan donde los demás no llegarán ni se quedarán. De no ser por ellos, enviados de nuestras Diócesis, movimientos eclesiales y congregaciones, muchos hermanos no oirían hablar nunca de Dios y de su misericordia, de la alegría de la Buena Noticia. 


Y desde aquí, desde Alcalá, también podemos trabajar por ellos, siendo todos uno. ¡Qué importante es que sientan nuestro apoyo espiritual y también material cuando se agotan las fuerzas, cuando llega la enfermedad, cuando pesa la soledad!  Cada uno desde nuestro estado, condición de vida y circunstancias, también podemos vivir el espíritu misionero.

Pilar Ladrón Tabuenca

miércoles, 10 de diciembre de 2014

TESTIMONIO MISIONERO DE ÁNGEL LABRADOR


Ángel ha acudido por cuarto año consecutivo a Puerto Maldonado en Perú. Allí, junto con su amigo Isidoro, colabora en el Hogar Santa Marta, sonde se atiende a adolescentes de comunidades nativas.


Podemos leer su testimonio pinchando en el enlace

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Testimonio Misionero de Eva Martínez


Desde Trujillo, Perú, recibimos el Testimonio Misionero de Eva Martínez en el que reconoce haber descubierto que su fuerza reside en el amor y servicio a los demás.

Haz clic en el enlace para ver testimonio completo
https://drive.google.com/file/d/0B2BfWHeaBeq2eWVYbWlVZXZsMVk/view?usp=sharing

miércoles, 12 de noviembre de 2014

TESTIMONIO MISIONERO DE ALMUDENA LOPEZ

 Comenzamos la serie de testimonios misioneros de este año 2014 con la experiencia que Almudena ha vivido en Bongor.

Almudena nos deja claro lo que significa para ella la misión:

"La misión no es una iniciativa nuestra sino de Dios. No es un capricho, ni una forma de pasar el tiempo, el verano. Es algo quie Dios nos pide para un mayor crecimiento personal y para un servicio a la Iglesia. Es un momento de encuentro con Dios a traves de los hermanos. Dios sale continuamente a nuestro encuentro, tiene sed de nosotros, y la misión es el camino que ha elegido para algunos"




Abriendo el enlace podremos ver su testimonio completo

https://drive.google.com/file/d/0B2BfWHeaBeq2X1UzZmp3LWd6WXM/view?usp=sharing